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Asómate a la ventana y verás...

Asómate a la ventana y verás...
a ese chiquillo que llora aferrado a su madre porque no quiere entrar al colegio; a ese abuelito que recorre cada mañana pasito a pasito el camino hasta el quiosco de la esquina para comprar su periódico, poco trayecto, pero para él como si fuera todo el Camino de Santiago; a esa mujer cargada con un montón de bolsas de la compra, ¿vivirá muy lejos? te preguntas; a ese grupo de chicos y chicas un poco escandalosos que parece que van veinte y sólo van cinco; a esa parejita que va despacio, abrazados, y que cada diez pasos se paran para darse un profundo beso, como si fuera el beso de una despedida; a ese hombre que pasea a su perro y... ¡no recoge la caquita del perrito! ; a ese grupo de mujeres con cierta edad que andan ligeras con sus zapatillas de deporte y hablan igual de rápido que andan; al frutero que va y viene con la carretilla llena de cajas vacias para tirarlas al contenedor; ¡mira! ahí va mi vecina Loli con sus nietos; a ese coche que está intentando aparcar y que le está costando la misma vida porque el aparcamiento es pequeño.
Me asomo a la ventana y veo... ¡vida!

Autor: Esperanza Miranda

Microcuento - EL PRECIPICIO

Estaba en el borde de aquel precipicio, un precipicio hondo y oscuro, en el que no se ve nada al final.
Dicen que, si llegas al fondo, en realidad no te matarás sino que encontrarás un paso a otro mundo, muy lejano, parecido al de Nunca Jamás, pero mejor.
Estando allí, de pie con el poco aire que hacía, estaba pensando si sería verdad. Esta vez estaba lista, quería irme.
Miré hacia atrás y, entonces, lo vi, estaba allí, observándome.
Una lágrima cayó por mi mejilla y le sonreí.
Sabía que no me iba a parar, él nunca se acercaba demasiado a mí, a veces, hablábamos, me dio tiempo a aconstumbrarme a él.
Era intrigante, él era como yo, cerrado para todos, con su propio mundo.
- Adiós - dije casi susurrando.
- Adiós - dijo con voz que se le partía.
Vi cómo sus ojos se volvían cristalinos, pero se esforzaba en no llorar.
Giré mi cabeza y miré hacia abajo. Me estaba preguntando cuánto tiempo estaría cayendo.
Ya iba a dar un paso hacia delante pero algo, mejor dicho, alguien me lo impidió.
Me apartó del borde y me abrazó por detrás. Apoyó su cabeza en mi hombro y dejó sus manos en mi estómago.
- ¿Q... qué haces? - pregunté sorprendida.
- Por favor, no lo hagas - susurró.
Sentí cómo sus lágrimas caían por mi cuello. Estaba temblando.
- Te lo suplico, quédate conmigo. No me hagas ésto, por favor - dijo.
- N... no puedo, si no lo hago ahora, no lo haré nunca.
Otra lágrima cayó por mi mejilla. Me di la vuelta sin soltarme del brazo, ni siquiera tenía la intención de hacerlo.
Le miraba a los ojos, aquellos preciosos y profundos ojos azules.
- Entonces... No lo hagas nunca, quédate conmigo.
- ¿Quieres vivir con alguien como yo sabiendo lo que hice?
- Sí, porque el pasado no cuenta tanto como el presente y el futuro.
Entonces aprendí que aquel chico, de ojos azules, por el cual sentía algo, abrió su mundo y me dejó entrar.
Mi confianza hacia mí iba disminuyendo, pero seguía estando segura de que quería saltar.
- ¿Quieres saltar? - dijo como si me estuviera leyendo la mente.
- Sí, quiero saltar. No quiero matar a nadie más.
- Entonces... Saltaré contigo. Entiende que, si saltas, yo no tendré motivo para vivir.
- Si saltas conmigo es como si te matara...
- Si saltas sin mí lo harás igual.
En ese momento me besó.

Autor: Alicja Zuzanna Wiszczulis, A~

Historia de amor hermoso y real

Una oscura noche,
un siniestro lugar.
Apenas la luz de un coche
y el viento susurrar.

Camina una joven muchacha
por el destartalado lugar.
Una sonrisa en la cara,
pero ajetreado caminar.

Una sombra se acerca,
perturba el bulevar,
se aproxima a la joven,
la agarra sin piedad.

La chica se revuelve,
del hombre se intenta zafar.
Él la agarra, la reduce
y ella empieza a llorar.

Hay un golpe, un estruendo.
Comienzan a pelear
un joven muy apuesto
y el malavenido truhán.

Se aproxima más ruido.
El joven empieza a sangrar.
La sirena de la policía,
la huida del mal patán.

El joven cae y abraza
a la chica que quiso salvar.
Ella se agacha y le abraza 
y, juntos, olvidan el mal.

Se abrazan en una cama,
se acuestan, los ojos cerrar.
Así comienza una historia
de amor hermoso y real.

Autor: Anónimo

Microcuento - Adivinanza

Todos los días ocurre lo mismo, se levanta conmigo, come en la misma mesa y de mi mismo plato, me acompaña hasta el colegio, viene conmigo al recreo, juega con mis amigos, anda y corre a la misma velocidad que yo y sin embargo aún no conozco el timbre de su voz, no sé nada sobre ella. Solo sé que somos inseparables gracias al Sol.
¿Qué es?

Autor: adrinclusivo.blogspot.com

Un muerto entre vivos

Me presento, soy aquella a la que una vez llamaron Sally, y digo llamado, porque ahora os contaré mi historia:
Nací en Dallas, Texas, ahí crecí y tuve a mis pocos amigos ya que, siempre fui solitaria, y, a los 15 años,morí allí.
Fui asesinada por un hombre al que jamás atraparon, pero éste no es el final de mi historia, sino el principio. Y es, veréis, nunca salí de Dallas. Mi alma se quedó en mi casa ya que no soporté la idea de ver sufrir a mis padres y, decidí actuar como si siguiese viva, oía música en mi cuarto, veía la televisión y, también, intentaba hablar con mis padres, pero éstos jamás me escuchaban. Llegué a creer que nada había pasado, que yo estaba viva, pero como nadie me hacía caso decidí comenzar a hacer unas cuantas gamberradas: rompía platos, ocultaba cosas, molestaba a mi hermana Talía. Todo para que me escucharan, para que me prestaran atención, pero los vecinos y mi padre comenzaron a asustarse. Mi madre decidió actuar como si nada sucediese, iba a mi cuarto y limpiaba mis desastres. Ella no quería renunciar a su pequeña, no quería perderme, y, eso, me hacía sentir bien, pero, sin darme cuenta, estaba metiendo en problemas a mi familia.
A mi madre la llamaban loca y a mi padre lo echaron del trabajo. Mi hermana estaba siendo dejada de lado por sus amigos y, todo, era culpa mía. Mientras yo permaneciera allí nada les iría bien. Un día, mi padre, harto de la situación, decidió llamar a un exorcista, pero mi madre se lo impidió. Él le dio una bofetada y le dijo: "Nuestra hija está muerta, no está aquí. Ese espíritu sólo causa problemas, debe irse".
En ese momento mi madre comenzó a llorar, no por el golpe sino, por las frías palabras de mi padre. Mi madre, con resignación, aceptó la llamada al exorcista pero, yo, no deseaba marcharme, y escribí una nota en la pared que ponía: "¡No me iré, yo no he muerto, yo estaré aquí, siempre!".
En ese momento no me di cuenta, pero mi ira y fustración, la ira de un alma muerta, invocó al diablo, ahora sí que había metido a mi familia en serios problemas. Al leer la nota llamaron al exorcista, pero mi deseo de permanecer con mi familia era tan fuerte que no logró sacarme de la casa, y sólo enfureció más al pequeño demonio que, desde el día en que escribí la nota, me hacía compañía.
Ese demonio empezó a hacer daño a mi familia, comenzó a hacer que mi hermana Talía de sólo 5 años se pusiese enferma, muy enferma. En ese momento, mis padres, decidieron irse de la casa. Para mi familia todos los males acabaron pero, desde el día en que se fueron, estoy por primera vez en mi "vida" realmente sola. Esta es la penitencia que deberé pagar eternamente por mi terquedad, por querer seguir entre los vivos aún estando muerta.

Autora: Daniela Parra

Microcuentos

En esta sección se publicarán las historias, tanto mías como vuestras, que duren menos de una carilla.
Me las podéis enviar mediante un tweet ( @BMysuslecturas ) o mediante un correo electrónico ( elblogdemartaysuslecturas@outlook .com ).